25/04/2023
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En torno a la conducción en punto muerto circulan muchas leyendas urbanas. Algunos aseguran que esta práctica es beneficiosa y reduce el consumo. Otros alertan de que esta es una costumbre peligrosa que puede provocar problemas mecánicos. En este artículo vamos a aclarar todas las dudas.

Qué es el punto muerto

En la mecánica automovilística el punto muerto es un estado de la caja de cambios en el que el movimiento del motor no se transmite a las ruedas. Tanto en las transmisiones manuales como en las automáticas, en punto muerto los engranajes se colocan de tal forma que no hay ninguna marcha engranada y no existe por lo tanto transmisión de la potencia generada por el motor, que se mantiene en marcha.

Si pisamos el acelerador en punto muerto vemos cómo las revoluciones suben, pero las ruedas solo se moverán si el vehículo se encuentra en una pendiente.

Por qué conducir en punto muerto

Conducir en punto muerto es una manera de mantener el motor encendido sin tener que pisar el embrague constantemente. Con este truco es posible incluso mover el coche con el motor apagado.

Algunos conductores utilizan el punto muerto para bajar pendientes prolongadas o puertos de montaña. Sin embargo, su uso tendría que limitarse a momentos excepcionales a cuando el coche está parado. En caso contrario, corremos el riesgo de provocar una avería.

Por qué no es una buena idea conducir habitualmente en punto muerto

  • No es cierto que suponga un gran ahorro de combustible. Cuando se está en punto muerto el motor se pone a ralentí para no apagarse. Ese bajo régimen de revoluciones constante supone un cierto consumo de combustible. Por el contrario, cuando hay una marcha engranada, son las ruedas las que mueven el motor en las bajadas. Con un consumo nulo. Mención aparte merecen algunos modelos actuales con cambios automáticos, que con el modo vela desacoplan la transmisión en las pendientes de bajada.
  • Aumenta el riesgo de perder el control del coche. En las bajadas pronunciadas el coche en punto muerto se mueve por pura inercia, pero puede llegar a descontrolarse y provocar un accidente. En cambio, cuando hay una marcha engranada, el freno motor retiene el vehículo de forma gradual.
  • Aumenta el desgaste del sistema de frenos. La ausencia de freno motor obliga a pisar mucho más a menudo el freno cuando se conduce en punto muerto. Si se convierte en una costumbre, aumentará significativamente el desgaste de los discos y las pastillas y puede llegar a producirse una avería.
  • Puede provocar averías en el motor. Funcionando a ralentí tanto los motores gasolina como los diésel no se refrigeran ni se lubrican correctamente. Esto es especialmente peligroso en verano, con las altas temperaturas. Además, en el caso concreto de los propulsores diésel, las bajas revoluciones favorecen que se acumule la carbonilla en la válvula EGR y pueden llegar a provocar una obstrucción en este elemento que se encarga de reducir las emisiones de óxidos de nitrógeno.

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