20/07/2026
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Un coche al sol puede superar los 70 ºC y acumular el 80 % de ese calor en la primera media hora. El cristal marca la diferencia.
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Durante una ola de calor, el interior de un coche aparcado al sol se convierte en una de las zonas más peligrosas para las personas y los animales. Los cristales dejan pasar la radiación solar y los elementos del habitáculo, como el salpicadero, los asientos, el volante y las tapicerías, la reemiten en forma de calor. Ese calor queda atrapado y genera un efecto invernadero que eleva la temperatura muy por encima de la del exterior. El fenómeno se ha intensificado en las últimas décadas por la mayor superficie acristalada de los coches, los parabrisas cada vez más inclinados y el uso creciente de techos solares panorámicos.

Un habitáculo que supera los 70 ºC

Diversos estudios han medido cómo evoluciona la temperatura dentro de un vehículo estacionado al sol y coinciden en que sube con rapidez, incluso en días que no son especialmente calurosos. Una investigación publicada en The American Journal of Forensic Medicine and Pathology registró en verano temperaturas interiores que superaron los 70 ºC, con picos de hasta 89 ºC en algunas superficies.

Un estudio de la revista Pediatrics añade un dato clave para la seguridad: el 80 % del aumento de temperatura se produce durante la primera media hora de exposición. Por eso nunca debe dejarse a personas ni mascotas dentro de un coche aparcado, ni siquiera unos minutos ni con el vehículo a la sombra, ya que el habitáculo puede alcanzar igualmente valores peligrosos. El color del interior también influye: los tonos oscuros absorben más radiación que los claros.

Protección UV frente a protección térmica

Conviene distinguir dos tipos de radiación. Todos los parabrisas incorporan una lámina entre las capas de vidrio que bloquea más del 90 % de los rayos UV y protege la piel y los ojos de los ocupantes delanteros. Sin embargo, solo una parte reducida ofrece protección frente a la radiación infrarroja, que es la responsable del aumento de temperatura.

Para frenar ese calentamiento existen varias soluciones. El vidrio tintado reduce la entrada de luz visible, pero a menudo actúa por absorción: retiene energía, se calienta y puede acabar cediendo parte de ese calor al interior. Un paso más son los parabrisas con control solar integrado, con tratamientos transparentes o recubrimientos metálicos multicapa, en algunos casos con varias capas de plata, que reflejan buena parte de los infrarrojos antes de que atraviesen el cristal. También existen láminas funcionales situadas entre las capas de vidrio, que reflejan o filtran la radiación según su composición.

Ventanillas laterales y eficiencia energética

La mayoría de las ventanillas laterales no tiene tratamiento térmico. Sobre las lunas traseras sí pueden aplicarse láminas de control solar de alto rendimiento, que bloquean parte del infrarrojo sin reducir de forma notable la luz visible. Conviene recordar que la normativa española solo permite tintar las lunas laterales delanteras a los cuerpos de seguridad del Estado y a personas con determinadas condiciones médicas.

Más allá del confort, estas tecnologías tienen un efecto directo en la eficiencia: al reducir la transmisión de energía solar hasta un 40 % y la temperatura del habitáculo en torno a 15 ºC, el sistema de climatización necesita menos energía para enfriar. En los coches eléctricos, ese ahorro se traduce en una mayor autonomía, ya que el aire acondicionado es uno de los consumos que más penaliza en verano.

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